Un acompañamiento pensado para muebles que ya pasaron por el taller y necesitan seguimiento en el tiempo: ajustes de lustre, control de humedad, revisiones de encolado y consultas puntuales sin volver a empezar de cero.
El paquete no es una restauración completa. Es un plan de continuidad para piezas que ya fueron intervenidas y que conviene monitorear cada tanto. Sirve tanto para un aparador de nogal que vive cerca de una ventana como para un juego de sillas que se usa todos los días en un comedor familiar.
Funciona mejor en piezas de uso cotidiano que ya recibieron un trabajo de restauración o conservación en el taller. No reemplaza una intervención mayor: si aparece una chapa levantada, una marquetería despegada o una pata partida, eso se evalúa aparte y se agenda como trabajo puntual.
También es útil cuando el mueble está en una casa con calefacción fuerte en invierno o cerca de un balcón con mucha exposición al sol. En esos casos, el seguimiento ayuda a detectar a tiempo grietas finas, decoloración o movimientos en las uniones antes de que se conviertan en un problema estructural.
La frecuencia se acuerda según el uso y el ambiente donde vive el mueble. Un comedor de uso diario suele pedir controles más seguidos que una cómoda de dormitorio. Cada visita se coordina con anticipación y se deja un resumen escrito con lo que se revisó, lo que se ajustó y lo que conviene mirar en el próximo encuentro.
El paquete no incluye retiro del mueble ni traslado al taller salvo que se acuerde como servicio aparte. La idea es que el seguimiento ocurra en el lugar donde la pieza vive, para no alterar su entorno ni someterla a movimientos innecesarios.
Antes de sumar una pieza al seguimiento, pedimos una evaluación inicial. Así confirmamos que el mueble está en condiciones de mantenerse en uso y no requiere primero una intervención mayor.
Bert Duzza, restaurador de mobiliario antiguo
Trabajo con muebles que ya tienen historia: cómodas heredadas, sillas de comedor que pasaron por tres generaciones, escritorios con humedad en la tapa. Antes de tocar una pieza, reviso uniones, chapa, barnices y marquetería para decidir qué se conserva y qué se reemplaza. La idea no es dejar el mueble como nuevo, sino devolverle estabilidad y frenar el deterioro sin borrar las marcas que lo hacen reconocible.
Coordino cada trabajo desde el taller en Palermo, con seguimiento fotográfico de cada etapa. Si querés consultar por una pieza puntual, escribime o llamá y vemos el estado real antes de definir cualquier intervención.