Lo que cuentan quienes ya pasaron por el taller
Piezas heredadas, muebles comprados en anticuarios de San Telmo, sillas que quedaron en un altillo. Cada trabajo deja una devolución concreta: qué se pudo recuperar, qué se decidió no tocar y cómo quedó la pieza en uso real.
"El aparador de mi abuela tenía la chapa levantada en la puerta y la estructura floja. Nos explicaron qué se podía consolidar y qué convenía dejar como estaba. Volvió a la mesa del comedor después de veinte años guardado."
"Compré seis sillas Regencia en una feria y dos tenían las patas partidas. Preferí que respetaran el tejido original antes que cambiar todo. El encolado quedó firme y el tono del barniz se unificó sin perder el desgaste de los años."
"La cómoda victoriana tenía humedad en la tapa y faltaban pedazos de marquetería. Me mostraron las fotos de cada etapa y las maderas que usaron para reemplazar los faltantes. Quedó legible el dibujo floral, que era lo que más me importaba."
"Llevé una mesa de luz que estaba desarmada en tres partes. La reencolaron con adhesivo reversible y me advirtieron que no la expusiera al sol directo. Es un mueble chico pero era de mi padre, y ahora está en uso otra vez."