Identidad del proyecto y de quienes lo sostienen
Trabajamos en Palermo desde hace años, en un galpón con olor a cera y goma laca. No somos una fábrica ni un servicio de retapizado exprés: somos un taller chico que recibe muebles con marcas de uso, con humedad, con capas de barniz que ya no dejan ver la madera. La mayoría de las piezas que pasan por acá vienen de familias que heredaron algo y no quieren reemplazarlo. Ese es el punto de partida de todo lo que hacemos.
Recibimos consultas de gente que tiene un aparador de la abuela, un juego de sillas que se desarma, una cómoda comprada en una feria que perdió la marquetería. También nos buscan arquitectos y decoradores que necesitan recuperar una pieza puntual para un ambiente, y coleccionistas que quieren estabilizar un mueble antes de que siga perdiendo material. No hacemos restauraciones de museo ni intervenciones invisibles: hacemos trabajos honestos, reversibles y documentados.
Antes de tocar una pieza, la miramos con calma. Revisamos uniones, humedad, faltantes, capas de acabado. Después armamos una propuesta concreta: qué se consolida, qué se limpia, qué se reemplaza y qué se deja como está. La regla es simple: intervenir lo mínimo necesario y no borrar la historia del mueble. Las marcas de uso que una familia quiere conservar se conservan. Lo que ya no sostiene la estructura, se refuerza.
El taller funciona con un equipo chico y estable. Teresa Jimenez Mendoza coordina los diagnósticos y la relación con cada cliente. Hector Alvarez Ramirez se ocupa de la estructura, los encolados y la carpintería de refuerzo. Camila Gomez Aguilar trabaja limpieza, tratamientos y lustres finos. Camila Rodriguez Rivera documenta cada pieza y arma el archivo fotográfico que después se entrega. Nos repartimos las tareas según la pieza, no según un organigrama.
Hablamos claro. Si una pieza no conviene restaurarla, lo decimos. Si un trabajo va a llevar más tiempo del previsto, avisamos antes. Preferimos una conversación con detalles concretos que una promesa amplia. Cuando alguien deja un mueble en el taller, sabe en qué estado entró, qué se va a hacer y en qué estado va a volver. Esa es la parte del oficio que nos importa tanto como el lustre final.
Un taller chico en Palermo, con manos que ya llevan años trabajando madera y una idea fija: una pieza heredada no se reemplaza, se acompaña.
Antes de tocar una superficie, medimos qué se puede limpiar, qué conviene dejar quieto y qué necesita refuerzo estructural. La pátina, las marcas de uso y el color original son parte del mueble, no un defecto a borrar. Cuando una pieza llega al taller, la primera decisión suele ser no hacer de más.
Usamos colas animales, goma laca y ceras que pueden retirarse sin dañar la madera si en el futuro hace falta otra intervención. Nada de productos que sellen para siempre ni de repintados que tapen la veta. Un mueble restaurado tiene que poder seguir contando su historia décadas después.
La mayoría de las piezas que entran al taller vienen con un relato: la mesa donde se comía los domingos, el ropero que cruzó el Atlántico, la silla del abuelo. Trabajamos sabiendo eso. El objetivo no es devolver un mueble de catálogo, sino uno que siga funcionando en la casa de quien lo heredó.
Cada trabajo se fotografía paso a paso y se anota qué se hizo, con qué materiales y por qué. Esa ficha queda en el taller y se entrega al cliente. Sirve para el mantenimiento futuro, para una tasación o simplemente para saber qué tiene entre manos. La restauración también es información.
Un mueble estable, limpio, con su acabado unificado y sin sorpresas. Que abra y cierre bien, que no se mueva al apoyarse, que el lustre no se levante a los pocos meses. Esa es la vara con la que nos medimos: que la pieza vuelva a usarse todos los días sin miedo.
En Bert Duzza no hay una sola mano detrás de cada mueble. Somos un equipo chico que trabaja en cadena: alguien diagnostica, alguien desarma, alguien lustra. Lo que sigue es quién hace qué y con qué respaldo lo hace.
Formada en restauración de mobiliario en Buenos Aires y con paso por talleres de conservación en Rosario. Coordina el diagnóstico inicial de cada pieza, define qué se interviene y qué se deja intacto. Lleva más de quince años trabajando con muebles familiares que llegan con historia y con expectativas concretas.
Especialista en carpintería de restauración. Se ocupa de desarmar uniones, limpiar colas viejas y volver a encolar con adhesivos reversibles. Trabaja con maderas nobles y con ensambles que no admiten correcciones a ojo: sillas, aparadores, cómodas con cajones que ya no cierran bien.
Responsable de limpieza de superficies, nivelado de barnices y aplicación de goma laca a muñequilla. Su trabajo pasa por no borrar el color original ni las marcas de uso que muchas familias quieren conservar. También documenta cada capa aplicada para que el mueble tenga un registro de lo que se hizo.
Reconstruye faltantes en incrustaciones, repone chapas levantadas y trabaja los detalles que definen si una pieza se ve restaurada o simplemente reparada. Selecciona maderas de tono compatible y ajusta cada fragmento antes de fijarlo, sin repintar lo que todavía se puede conservar.
Si querés que veamos tu mueble antes de decidir cualquier intervención, escribinos y coordinamos una evaluación en el taller.
Solicitar evaluaciónHistoria del taller
El taller arrancó con muebles heredados que llegaban por recomendación de vecinos de Palermo. Eran piezas con valor afectivo más que comercial: aparadores de nogal, sillas de comedor, cómodas con humedad en la tapa. En esa etapa se definió una regla que sigue vigente: no repintar lo que se puede conservar.
Con el tiempo empezaron a llegar juegos completos con uniones vencidas y refuerzos internos dañados. Se incorporó el desarme parcial, la limpieza de cola vieja y el uso de adhesivos reversibles. Ese criterio permitió intervenir sin cerrar la puerta a futuras restauraciones.
Cada trabajo se documenta con fotos de ingreso, intervenciones y entrega. El archivo sirvió para comparar tratamientos de lustre a muñequilla, ajustar tiempos de secado según la estación y responder consultas de clientes años después de retirada la pieza.
La demanda de piezas victorianas con incrustaciones obligó a sumar reconstrucción de faltantes y limpieza mecánica controlada. Se trabajó con maderas de tono similar y goma laca diluida para nivelar sin oscurecer los motivos. Es la línea más lenta del taller y la que más cuidado pide.
Hoy Bert Duzza recibe mobiliario de familias, anticuarios y colecciones privadas que buscan mantener la pieza en uso. La identidad del proyecto se sostiene en tres decisiones concretas: intervenir lo mínimo, dejar registro de cada paso y devolver el mueble a la vida cotidiana sin borrar sus marcas.