Bert Duzza

Un taller chico en Palermo, con manos que ya llevan años trabajando madera y una idea fija: una pieza heredada no se reemplaza, se acompaña.

Por qué existe Bert Duzza

Conservar antes que intervenir

Antes de tocar una superficie, medimos qué se puede limpiar, qué conviene dejar quieto y qué necesita refuerzo estructural. La pátina, las marcas de uso y el color original son parte del mueble, no un defecto a borrar. Cuando una pieza llega al taller, la primera decisión suele ser no hacer de más.

Métodos reversibles

Usamos colas animales, goma laca y ceras que pueden retirarse sin dañar la madera si en el futuro hace falta otra intervención. Nada de productos que sellen para siempre ni de repintados que tapen la veta. Un mueble restaurado tiene que poder seguir contando su historia décadas después.

El mueble como objeto de familia

La mayoría de las piezas que entran al taller vienen con un relato: la mesa donde se comía los domingos, el ropero que cruzó el Atlántico, la silla del abuelo. Trabajamos sabiendo eso. El objetivo no es devolver un mueble de catálogo, sino uno que siga funcionando en la casa de quien lo heredó.

Oficio y documentación

Cada trabajo se fotografía paso a paso y se anota qué se hizo, con qué materiales y por qué. Esa ficha queda en el taller y se entrega al cliente. Sirve para el mantenimiento futuro, para una tasación o simplemente para saber qué tiene entre manos. La restauración también es información.

Lo que el cliente espera ver

Un mueble estable, limpio, con su acabado unificado y sin sorpresas. Que abra y cierre bien, que no se mueva al apoyarse, que el lustre no se levante a los pocos meses. Esa es la vara con la que nos medimos: que la pieza vuelva a usarse todos los días sin miedo.

Quiénes sostienen el taller, pieza por pieza

En Bert Duzza no hay una sola mano detrás de cada mueble. Somos un equipo chico que trabaja en cadena: alguien diagnostica, alguien desarma, alguien lustra. Lo que sigue es quién hace qué y con qué respaldo lo hace.

Dirección de taller

Teresa Jimenez Mendoza

Formada en restauración de mobiliario en Buenos Aires y con paso por talleres de conservación en Rosario. Coordina el diagnóstico inicial de cada pieza, define qué se interviene y qué se deja intacto. Lleva más de quince años trabajando con muebles familiares que llegan con historia y con expectativas concretas.

Estructuras y encolado

Hector Alvarez Ramirez

Especialista en carpintería de restauración. Se ocupa de desarmar uniones, limpiar colas viejas y volver a encolar con adhesivos reversibles. Trabaja con maderas nobles y con ensambles que no admiten correcciones a ojo: sillas, aparadores, cómodas con cajones que ya no cierran bien.

Lustre y acabados

Camila Gomez Aguilar

Responsable de limpieza de superficies, nivelado de barnices y aplicación de goma laca a muñequilla. Su trabajo pasa por no borrar el color original ni las marcas de uso que muchas familias quieren conservar. También documenta cada capa aplicada para que el mueble tenga un registro de lo que se hizo.

Marquetería y detalles

Camila Rodriguez Rivera

Reconstruye faltantes en incrustaciones, repone chapas levantadas y trabaja los detalles que definen si una pieza se ve restaurada o simplemente reparada. Selecciona maderas de tono compatible y ajusta cada fragmento antes de fijarlo, sin repintar lo que todavía se puede conservar.

Si querés que veamos tu mueble antes de decidir cualquier intervención, escribinos y coordinamos una evaluación en el taller.

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Los primeros encargos familiares

El taller arrancó con muebles heredados que llegaban por recomendación de vecinos de Palermo. Eran piezas con valor afectivo más que comercial: aparadores de nogal, sillas de comedor, cómodas con humedad en la tapa. En esa etapa se definió una regla que sigue vigente: no repintar lo que se puede conservar.

Especialización en encolado y estructuras flojas

Con el tiempo empezaron a llegar juegos completos con uniones vencidas y refuerzos internos dañados. Se incorporó el desarme parcial, la limpieza de cola vieja y el uso de adhesivos reversibles. Ese criterio permitió intervenir sin cerrar la puerta a futuras restauraciones.

El archivo de procesos como método

Cada trabajo se documenta con fotos de ingreso, intervenciones y entrega. El archivo sirvió para comparar tratamientos de lustre a muñequilla, ajustar tiempos de secado según la estación y responder consultas de clientes años después de retirada la pieza.

Marquetería, chapas y acabados delicados

La demanda de piezas victorianas con incrustaciones obligó a sumar reconstrucción de faltantes y limpieza mecánica controlada. Se trabajó con maderas de tono similar y goma laca diluida para nivelar sin oscurecer los motivos. Es la línea más lenta del taller y la que más cuidado pide.

Un taller reconocido por la conservación, no por la novedad

Hoy Bert Duzza recibe mobiliario de familias, anticuarios y colecciones privadas que buscan mantener la pieza en uso. La identidad del proyecto se sostiene en tres decisiones concretas: intervenir lo mínimo, dejar registro de cada paso y devolver el mueble a la vida cotidiana sin borrar sus marcas.

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