Bert Duzza

Lo que se llevan quienes ya pasaron por el taller

Estos comentarios vienen de trabajos concretos: una pata que volvió a sostenerse, un barniz que dejó de saltar, una pieza que se pudo usar otra vez. Nada de elogios sueltos.

Traje un escritorio de mi abuelo con la tapa partida al medio y una pata que se movía al apoyar el codo. Me explicaron qué se podía salvar y qué no, sin prometer de más. Volvió firme, con la mancha de tinta que tenía desde siempre intacta. Eso era lo que me importaba.

Teresa Jimenez Mendoza

Tenía seis sillas Regencia con las esterillas vencidas y las uniones flojas. Las desarmaron, las volvieron a encolar y rehicieron el tejido respetando el dibujo original. Ahora se sientan mis hijos sin que cruja nada. Tardaron lo que dijeron que iban a tardar.

Hector Alvarez Ramirez

La cómoda de mi madre tenía humedad en la tapa y faltantes en la marquetería. Me mostraron fotos de cada etapa y me consultaron antes de tocar los motivos florales. El acabado quedó parejo, sin ese brillo plástico que había visto en otros trabajos.

Camila Gomez Aguilar

Llevé un aparador de nogal que estaba prácticamente desarmado. Me advirtieron que algunas marcas de uso no se iban a borrar del todo y preferí que quedaran. El lustre a muñequilla devolvió el color sin tapar la veta. Lo tengo en el living y funciona como mueble, no como adorno.

Camila Rodriguez Rivera

Lo que dicen quienes ya pasaron por el taller

No publicamos puntajes inflados ni logos de marcas que nunca nos confiaron una pieza. Acá van comentarios de personas que trajeron muebles con historia: un aparador de familia, sillas heredadas, una cómoda que estuvo años en un altillo. Cada trabajo se documenta con fotos y notas, y el cliente recibe el registro completo al retirar su mueble.

Teníamos el aparador de mi abuela con la chapa levantada y pensamos que no se podía hacer nada. Nos explicaron cada paso antes de empezar, nos mandaron fotos durante el proceso y nos devolvieron la pieza funcionando. Lo mejor: mantuvieron las marcas de uso que para nosotros son parte de la historia.
Llevé seis sillas Regencia que se movían todas. Me avisaron que las esterillas había que rehacerlas y me mostraron las opciones de tejido. Cumplieron el plazo que acordamos y el precio final fue el que me pasaron al principio, sin sorpresas.
Consulté por una cómoda victoriana con marquetería saltada por humedad. En vez de prometerme que quedaría como nueva, me explicaron qué se podía recuperar y qué no. Ese realismo me convenció. El trabajo quedó impecable y me entregaron un informe con los materiales usados.
Heredé un escritorio de roble con un cajón trabado y barniz muy oscurecido. Vinieron a verlo al departamento, me pasaron un presupuesto detallado por escrito y coordinamos el retiro. La comunicación por mail fue clara todo el tiempo, incluso para avisarme de un pequeño retraso por secado.
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